Cambiemos el futuro
Chilindri
Los políticos necesitan tanto la propaganda que todos los fines de semana organizan actos que luego “la prensa” se encarga de airear. Se reúnen y aparentan que se ocupan de tus problemas, pero solamente vomitan consignas para mentes adormecidas (por ser suave).
El lema que tenía el teatrillo organizado este pasado fin de semana por nuestro presidente y su partido era: Cambiemos el futuro.
Si al amable lector le ha sonado orweliano, no se preocupe: usted está despierto.
Dejaremos, por una vez, a un lado la arrogancia inmensa de estos tipos.
Y preguntemos a nuestro “amado " presidente:
¿Cómo puede saber ya el futuro que viene? ¿O lo quiere cambiar aún sin conocerlo?
¿Es que no le gusta el futuro que va a acontecer después de casi una década de su gobierno y de otras muchas de gobierno de su partido?
¿Acaso reconoce que lo está haciendo tan rematadamente mal que lo que venga será malo?
O,
¿Es que el futuro no viene como a usted le gusta? ¿La gente (su gente, presuntamente) ya ha visto bien clarito que usted y los suyos los llevan a la ruina (en todos los sentidos) y no van a hacer en las urnas lo que deben?
¿Se cree capaz de cambiar el futuro?
¿Nos invita a hacerlo con usted? ¿A todos?
Porque si es a todos, puede que no le gusten los cambios que hagamos, o me ha preguntado acaso.
¿Solamente invita a cambiar el futuro a los suyos? ¿Lo van a hacer a toda costa, como siempre?
Es tan distópico como parece y, desde luego, mucho más de lo que podía imaginarme allá por mi juventud.
Duros tiempos nos ha tocado vivir, y lo que nos queda.
O no.